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El juego comenzó a ser entendido como una forma simbólica y excelsa de buscar la perfección, una alquimia sublime, una aproximación a esa Mente que más allá de todas las imágenes y multiplicidad es una consigo mismo en otras palabras, a Dios. En el juego se reconocen principios contrarios asumiendo que son manifestaciones polares de una unidad; no consiste en una yuxtaposición temática de diversos campos del conocimiento, sino que más bien se persigue una interrelación, un denominador orgánico. No se exagera al decir que para el pequeño círculo de genuinos jugadores el Juego es virtualmente equivalente al culto, aunque, deliberadamente, evitaban desarrollar cualquier tipo de teología propia. Porque este Juego Real no es filosofía, ni religión sino una disciplina propia, por su carácter, más emparentada con el arte.... Para algunos jugadores el Juego posee la fuerza sacramental de una verdadera consagración; para muchos otros es, al menos, un sustituto para la religión; y para todos son un baño en cristalinos manantiales de belleza así como una solemne manifestación de arte y del espíritu Creador. Extractos de: Hesse, H. (1943/1978). Magister Ludi. The Glass Bead Game. New York: Bantam Book / Holt, Rinehart and Winston, Inc. Visite este vínculo si quiere ver un artículo que presenta el encuentro de Jung y Hesse. |