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En Memoria de Fermín Sainz, S.J. Ph. Dr.
Lunes 21 de Enero de 2008 18:50

 

Carta a las Iglesias, AÑO XIX, Nº 421, 1–15 de marzo de 1999

Un hombre bueno que hizo el bien

 

Extracto de la homilía del P. Francisco Javier Ibisate, S.J., con ocasión de la misa en la capilla de la UCA, el día del entierro del P. Fermín Sainz, S.J., fallecido el domingo, 28 de febrero de 1999.

 

Me han pedido decir unas palabras sobre el P. Fermín, y hablar del P. Fermín es siempre agradable, aunque uno puede emocionarse. Me he puesto una estola blanca con dos cruces rojas, porque veo la vida del P. Fermín dividida en dos grandes etapas. La primera etapa es su vida plena pastoral-científica; en ella yo resumiría la imagen del P. Fermín como el hombre bueno que pasó haciendo el bien. Ha sido un hombre que se ha hecho querer de todos porque él quería a todas las personas que trató en su vida. Irradiaba bondad. La segunda etapa de su vida, reflejada en estas dos cruces, fue su largo martirio blanco de una misteriosa enfermedad (deformación del cerebelo), que durante siete años le fue mermando sus funciones locomotoras y poco a poco toda la movilidad de sus miembros. Un prolongado vía-crucis que lo acarreó con una serenidad humana y una profundidad espiritual, que nos ha dejado maravillados.

La actividad apostólica del P. Fermín, ya sacerdote, se inició en el Seminario San José de la Montaña; profesor, prefecto de estudios y de disciplina, también encargado de los deportes de los seminaristas. Agradecemos a Mons. Gregorio Rosa, entonces alumno del P. Fermín y hoy Obispo Auxiliar de San Salvador, el que haya aceptado gustosamente presidir esta eucaristía. Los sacerdotes de cierta edad recuerdan con cariño al P. Fermín.

Fue en ese Seminario San José de la Montaña donde el P. Fermín experimentó una dura prueba o adversidad. La Conferencia Episcopal de El Salvador determinó hacerse cargo de la formación de los nuevos seminaristas, que hasta ese momento habían dirigido los padres jesuitas por varias décadas. El P. Fermín fue uno de los últimos padres en dejar el Seminario. Quiero resaltar que jamás le oímos una crítica al P. Fermín sobre estos hechos. Es un detalle que nos ha llamado la atención a sus compañeros de comunidad el que jamás le oímos al P. Fermín criticar negativamente a ninguna persona. Si salía la conversación sobre alguna persona no grata, todo el comentario del P. Fermín era una sonrisa interrogativa.

Creo que en este detalle aparece otro aspecto de ese prisma multifacético que ha sido el P. Fermín. Era al mismo tiempo sacerdote y psicólogo, hombre hecho para escuchar, diagnosticar y descubrir el lado oscuro o gris de cada persona, para llevarlo de lo gris y problemático hacia la tranquilidad personal. Juntaba la ciencia con la paciencia, volviendo a atender a las mismas personas, que pudieran testimoniar y lo están haciendo, agradeciendo estos prolongados servicios.

Además de formador de sacerdotes, el P. Fermín dedicó su trabajo pastoral por más de 35 años a la colonia marginal Las Palmas o el Manguito. Pronto la labor pastoral se fue combinando con la ayuda material: construcción de la casa comunal, conexión de agua para lavar la ropa, carpintería para hacer muebles y ataúdes sencillos. El P. Fermín recibió para ello ayuda de un buen grupo de buenas mujeres. Con ocasión del Congreso Eucarístico él fundó la asociación del Divino Salvador, "las divinas", a las que fue conduciendo desde su espiritualidad personal a una acción social de servicio personal y de aporte financiero a favor de esta colonia. Todo ese esfuerzo se vio apoyado por FUNDASAL, en un proyecto de urbanización de toda esa colonia de casas hacinadas y de material deleble. Cuando subíamos a verlo en el Centro Loyola y le poníamos al tanto de toda la marcha pastoral, de las personas y de los avances de la urbanización, el P. Fermín seguía todos los detalles, con movimientos de la cabeza, ya que no podía hablar.

Sería largo detallar el servicio profundamente académico como profesor de psicología en la UCA. Una vez más se combinaba en él el talante sacerdotal con el prestigio académico como doctor en psicología y especialista en Jung y transmitía esa simbiosis de psicología-espiritualidad a sus alumnos. El era un pilar en ese departamento, donde trabajaron al unísono los PP. Luis Achaerandio, Fermín y Nacho Martín-Baró, junto con otros acreditados docentes seglares. El P. Fermín no era el simple docente, sino el consultor y orientador de este alumnado. Incluso les interpretaba a los alumnos los sueños que, por escrito le entregaban, al estilo del libro de Daniel.

Necesariamente tengo que decir dos palabras sobre Fermín, miembro de la comunidad. En las décadas de los setenta y ochenta nos tocó pasar épocas muy tensas a raíz de los ataques escritos, hablados y luego traducidos en unas 28 bombas que hicieron explosión en el campus de la UCA. En 1977 nos conminaron para dejar El Salvador so pena de amenazas de muerte. Varias veces catearon nuestras casas. También algunas antiguas amistades se fueron distanciando por todas las acusaciones contra la UCA. Fue un privilegio, en esos años, contar en la comunidad con personas como el P. Fermín que siempre nos fortalecía para seguir rectos en la misión emprendida.

Por añadidura Fermín era un gran conocedor y vivenciador de la música clásica y del mundo de la ópera. El P. Fermín, que había sido portero de fútbol desde el colegio, disfrutaba viendo los partidos de pelota vasca y de fútbol en la tele. Dos aficiones que le ayudaron mucho cuando la enfermedad lo ancló en su cama y sillón de ruedas. Quiero recordar que en cierto año se organizó un partido de fútbol en la cancha del Externado entre padres cincuentones y nuestros jóvenes filósofos y teólogos. El P. Fermín, con más de sesenta años, nos custodió la portería y ganamos por tres a dos: la experiencia se impuso a la energía.

Una última escena de su vida activa, y que no se puede olvidar, es el 16 de noviembre de 1989, cuando D. Obdulio nos vino a decir bien temprano :" esta noche han matado a los padres de la UCA, a mi mujer y a mi hija..." Los seis padres que estábamos en la casa pasamos a la UCA, nos encontramos con la escena tantas veces televisada. Al P. Fermín le correspondió encargarse de preparar los cadáveres en la funeraria, atender a tantos visitantes conocidos, participar en la conferencia de prensa que dio el P. Chema por la tarde, y luego de acompañar y proteger a nuestra testigo, Lucía, en la embajada de España y en la salida al aeropuerto. Es una de las imágenes que cierra la vida activa del P. Fermín.

La segunda etapa de su vida comenzó hace siete años, la etapa del siervo doliente de Yahvé. A raíz de ese disfuncionamiento del cerebelo (un caso entre el millón, dijo un especialista) fue perdiendo progresivamente sus funciones locomotoras y luego los movimientos normales de todos sus miembros. Lo vieron algunos especialistas y diagnosticaron un lento entorpecimiento de sus funciones vitales. El P. Fermín ha conservado hasta el último momento el conocimiento, su plena razón, que últimamente sólo podía expresarse con su mirada y unos leves apretones de manos. Ha sido sin duda un via crucis el sentir que ya no podía escribir a máquina, para transmitir los trabajos–investigaciones que tenía preparadas y más tarde no poder ni siquiera dictar en grabadora. Quién había ayudado a tantas personas, se tenía que dejar ayudar para todo de sus enfermeras, agradeciendo con una sonrisa las visitas, que incluso a veces no se debían prolongar

El P. Fermín pasó estos cinco últimos años en el Centro Loyola, que él fundó, ayudado de algunas buenas mujeres, que también le habían colaborado en sus anteriores obras apostólicas. El P. Fermín fundó el Centro Loyola para que se expandieran los ejercicios de San Ignacio, los retiros espirituales, las reuniones matrimoniales, retiros de los colegios y de otras asociaciones sin fin lucrativo.

Ayer se nos fue el P. Fermín y la frase que nos sale de los labios es :"descanse en paz". Fue ejemplar y querido de todos en sus años de tanta actividad pastoral, científica, psicológica, y creo que ha sido más probadamente ejemplar en su prolongado martirio blanco. Esa aceptación cristiana de verse físicamente reducido a la nulidad, con pleno conocimiento y plena razón, agradeciendo las visitas, con una carcajada cuando aún podía, con una leve sonrisa cuando la respiración no le permitía más. Se extinguió suavemente. Termino con una sencilla expresión: "Fermín ha sido un fuera de serie".

 
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